A pocos días del inicio de 2026, la industria del juego online en Argentina se encuentra en una etapa de balance y proyección, atravesada por avances significativos en materia regulatoria, pero también por desafíos estructurales que siguen condicionando su desarrollo. Ese escenario fue el eje del webinar “Argentina 2025: Principales desafíos y oportunidades en cumplimiento regulatorio”, realizado en el marco del evento online SBC LATAM – Digital Day que se llevó a cabo el pasado 11 de diciembre.
El encuentro reunió a referentes del sector público y privado, quienes analizaron el estado actual del mercado, la efectividad de las medidas regulatorias y el impacto del crecimiento del juego ilegal en el país. Los panelistas de la charla fueron Nicolas Jeannot, gerente de Juego Online de Casinos Del Rio; Agustin Li Gambi, director general de Asuntos Jurídicos del Instituto de Juegos de Azar del Neuquén (IJAN); Tomas García Botta, socio de MF Estudio Abogados y miembro de IMGL; y José María Amondarain, Country Manager de BetWarrior Argentina. El debate fue moderado por Damián Martínez, Business Journalist de SBC Noticias.
Al responder cómo evalúan el presente de la industria del juego online en el país, Li Gambi sostuvo que el sector logró consolidarse desde el inicio de la actividad regulada. Destacó la existencia de un ecosistema que cumple estándares técnicos, es auditado de forma permanente y cuenta con esquemas de control comparables a los mejores a nivel internacional. Si bien recordó que cada provincia avanzó a distinto ritmo, remarcó el rol de ALEA como espacio federal que unifica criterios entre reguladores y operadores privados. En ese sentido, consideró que la industria entendió que su sostenibilidad depende tanto del cumplimiento normativo como de la clara diferenciación entre el juego legal y el ilegal, y concluyó que Argentina ingresa a 2026 con una industria madura y profesional.
En una línea similar, García Botta se mostró optimista respecto al futuro inmediato: “El sector comenzó 2025 con mayor incertidumbre de la que tiene hoy. El inicio de 2026 encuentra al mercado más consolidado. Es un hecho poco habitual la coincidencia de diagnósticos y objetivos entre el sector público y el privado (cada uno dentro de sus competencias) y ese alineamiento es un momento histórico para la industria argentina. Los desafíos que vendrán deberán ser enfrentados de manera conjunta”.
Desde la mirada operativa, Jeannot afirmó que el mercado está alcanzando un nivel de madurez muy interesante. Recordó que la industria del juego en Argentina tiene una larga trayectoria y que, en los últimos años, las apuestas deportivas ganaron un protagonismo creciente. “Tras un período complejo para introducir nuevos productos y políticas, hoy comienzan a verse los resultados de un trabajo sostenido, especialmente en la cooperación entre operadores y reguladores, así como en la articulación dentro de la Asociación de Loterías Estatales Argentinas (ALEA). El sector del país atraviesa un buen momento”.
Con una mirada más cauta, Amondarain coincidió en que el mercado avanza hacia una mayor madurez, tras casi siete años desde la primera regulación provincial. Sin embargo, advirtió sobre desafíos muy claros de cara a 2026, vinculados a la fragmentación regulatoria, la presión fiscal y, especialmente, al crecimiento del mercado ilegal. Según explicó el ejecutivo, existen datos que indican que entre el 75 y el 80 por ciento de las apuestas se realizan hoy en un ámbito sin control, lo que convierte al combate contra el juego ilegal en la principal prioridad de la agenda del próximo año para avanzar hacia una industria más transparente y segura para el usuario.
El combate contra el juego ilegal
El debate se profundizó al analizar si las medidas impulsadas para modificar las operaciones del mercado regulado son proporcionales a la persecución del juego ilegal. Para García Botta, el principal déficit del sector en Argentina sigue siendo la falta de una estrategia adecuada contra la ilegalidad. Aclaró que el problema no radica tanto en la voluntad de persecución penal, sino en la escasez de herramientas con las que cuentan fiscales, jueces y organismos competentes. En su visión, la discusión central debería enfocarse en cómo dotar al sistema de mejores instrumentos para actuar con eficacia.
Jeannot coincidió en que se trata de una batalla desigual: “Existen avances, como la creación de fiscalías especializadas, pero los procesos para combatir el juego online ilegal siguen siendo lentos y poco adecuados a la dinámica digital. El bloqueo de dominios resulta una herramienta limitada e ineficiente, aunque hoy es una de las pocas disponibles y la que, en términos relativos, muestra mayores resultados”.
Desde el ámbito regulatorio, Li Gambi planteó la necesidad de encontrar un equilibrio entre persecución y regulación. Afirmó que se avanzó mucho, aunque el camino es largo, y destacó como un logro relevante que el tema haya ganado interés político, algo que no ocurría años atrás. Para el funcionario, el desafío actual pasa por “adaptar las herramientas de control a un fenómeno que evoluciona con gran velocidad, como el juego ilegal, y aprovechar la mayor atención institucional para impulsar cambios acordes al contexto actual”.
Por su parte, Amondarain fue tajante al describir una fuerte asimetría entre ambos mercados. Explicó que el juego regulado soporta cada vez más obligaciones y controles, mientras que el ilegal continúa operando sin consecuencias. Advirtió que muchas de las medidas recientes recaen exclusivamente sobre operadores que ya cumplen con la normativa, lo que termina generando un efecto paradójico: cuanto más difícil se vuelve operar en el canal legal, más atractivo resulta el ilegal para el usuario final. En ese escenario, sostuvo que endurecer el marco formal “sin atacar de manera efectiva el mercado informal” solo favorece a quienes no cumplen las reglas.
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